El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial y de los algoritmos ha despertado las alarmas sobre el impacto que la robotización y los procesos de automatización están teniendo en el empleo. Bajo la hipótesis de que la proliferación de robots implica destrucción de puestos de trabajo, un descenso de las cotizaciones y un reto añadido a los sistemas de pensiones, el debate está sobre la mesa: ¿deben los robots financiar las pensiones?

 

 

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