Como en todas las industrias, el último año y medio ha traído consigo unos retos sobresalientes para los diferentes actores de la cadena del crédito y cobranza en el país. También han sido años de importantes desafíos para la  Asociación, desde donde hemos decidido tener un rol activo en la gestión del cambio y su articulación con los diferentes eslabones de la industria.


Nuestro accionar esta soportado en 4 pilares estratégicos, sobre los cuales permanentemente estamos evolucionando e imprimiendo dinámica a nuestro plan de gestión.

– Profesionalización: Como eje primario, rige todas las actividades de formación y certificación de estándares operativos.

– Representación: Eje que nos asegura estar bien organizados para acompañar las iniciativas institucionales y normativas.

– Consolidación: Eje del desarrollo que nos invita a articularnos mejor, como eslabones de valor en la gestión y administración del crédito y la cobranza.

– Data: Eje que aglutina las iniciativas encaminadas a sofisticar nuestra industria, a partir del acceso y el uso de información, asociado a las dinámicas y procesos de nuestra actividad.

Es así que hemos dedicado grandes esfuerzos en ser el instrumento idóneo para llevar a buen término iniciativas de alto valor, tanto para reguladores como para nuestros asociados. Es el caso de la renovación de la Guía de Mejores Prácticas en Cobranza, actividad que venimos desarrollando en conjunto con la Superintendencia Financiera y Asobancaria; la emisión de la Guía de Buenas Prácticas en Protección de Datos, en esfuerzo conjunto con la SIC; el Acompañamiento de los asociados al PADE, al ser considerados conexos del Sistema Financiero, entre otros.

En conjunto con el Gobierno Nacional, hemos acompañado el Programa de Alianzas para la Reactivación, así como también las estrategias abordadas desde Colombia Productiva, entre otros. Los Pactos por el Crecimiento, significaron trabajar para el cierre de brechas y apoyar a los empresarios, lo mismo que la Misión de Internacionalización, que dentro de su informe destaca claramente al sector servicios. Somos conscientes de la necesidad de seguir profesionalizando nuestra actividad y buscando que la asociación sea un vehículo que facilite el dinamismo y las buenas prácticas de la industria, por lo que hemos puesto a disposición de nuestros asociados el único sello de calidad en LATAM que certifica la actividad de recuperación de cartera.

El Congreso anual sin duda es un momento de altísima relevancia en nuestra gestión como asociación. Es una oportunidad para encontrarnos, acercarnos a temas comunes en las decisiones estratégicas de las compañías que hacen parte de la cadena del crédito y la cobranza, y recibir de primera mano información de los protagonistas de la actividad económica y sectorial del país.

Como en todos los años, para este 2021, escogimos un eje central, un tema prioritario en la agenda de la industria y del país, hemos querido centrar la atención alrededor de la  “Reactivación Económica”, un concepto que es a la vez un anhelo, una necesidad y un objetivo común. Lo hemos escogido no solamente porque es un tema prioritario en la agenda, sino también porque creemos que somos protagonistas o habilitadores como industria.

Nuestra actividad moviliza un número muy grande de empleos (solo en empresas vinculadas a Colcob reunimos a más de 68.000 personas de forma directa) e incidimos en la buena dinámica del ecosistema de crédito, elemento que resulta fundamental para el crecimiento económico del país.

Si bien mucho se ha hablado de Reactivación Económica y hemos recibido buenas noticias en los últimos días (nuestro PIB crece al 17,6% en el segundo trimestre del año), bien vale la pena abordar la conversación con detenimiento, pues las dificultades que ha dejado el paso de la pandemia y la brecha en desarrollo, que ya se venía evidenciando con otros países comparables, revelan que aún nos queda mucho por adelantar en términos de desarrollo, generación de empleo y productividad entre otros.

Ciertamente, la caída del PIB en 2020 del 6.8%, en un país que en promedio crece entre el 3% y 4% anual, es un buen resumen de las consecuencias de lo vivido y explica fácilmente la complejidad que debemos afrontar ahora con indicadores de desempleo y pobreza muy superiores a la tendencia histórica reciente. En todas estas cifras se evidencia una situación social que a todas luces se muestra diferente, atípica y compleja. 

Por el lado de las finanzas públicas, la menor actividad del 2020 y los esfuerzos realizados por disminuir los efectos de pandemia, terminaron poniendo al país es una situación fiscal que exige una administración minuciosa. El marco fiscal de mediano plazo, habla de unas necesidades de financiamiento superiores al 10% del PIB en 2022, cifra que es retadora en el entorno económico actual, y que deberá concretarse pues en todo caso anticipa una limitada capacidad del Estado para impulsar financieramente las dinámicas de reactivación.

Necesitamos encontrar caminos que nos lleven a recuperar todo el terreno perdido en el menor tiempo posible y ojalá en el proceso, encontrar fórmulas que nos sean de alto valor para elevar los indicadores de crecimiento en el largo plazo. Debemos tener claro que el esfuerzo se hace más demandante en la medida que nuestro punto de partida es de por sí ya retador. Habrá que ser más resiliente que de costumbre. Como dice el dicho popular, entre más bravo el toro, mejor la corrida… Tenemos que estar a la altura.

Todos estamos de acuerdo en que necesitamos lograr la tan anhelada reactivación y el empresariado, es un eslabón crítico en este propósito, sin embargo muchas veces cuesta pensar en un cómo aplicable, más allá de su rol como actor económico y su justificada intención por crecer y ser rentable.

¿Cómo desde nuestro rol empresarial podemos aportar en el proceso de reactivación?  ¿Cómo organizarnos para multiplicar en vez de sumar y restar?

Recientemente llegó a mi correo un estudio originado por la firma Invamer, que viene estudiando los niveles de aceptación y percepción frente a diversos temas de la actualidad nacional, todos de la mayor importancia; y llamó mi atención, porque en la mayoría de los casos o preguntas, la ventana de tiempo de medición del estudio supera más de 8 o 10 años incluso.

Esto permite hacerse una idea clara de la situación actual del país, más allá de los gobiernos y de las coyunturas particulares. Dicho estudio hace un barrido en más de 170 páginas, del estado de ánimo general, de la favorabilidad de las figuras públicas como presidentes, alcaldes y gobernadores, así como de otros personajes de la vida pública, repasa también la percepción sobre las principales instituciones públicas, así como otros temas centrales de discusión política en el país.

A medida que lo leía y pensaba en cada caso, muy pronto empecé a sentir una sensación de desconsuelo y preocupación mayúscula, no había grandes sorpresas, por lo que no se trataba de algo puntual que no hubiera evidenciado previamente. Pero al verlo todo reunido, rápidamente entendí que, adicional a todos los retos económicos, políticos y sociales descritos, estamos frente a un elemento que hoy nos hace un enorme daño pero que, si alineamos en pro del objetivo, nos va a ser de enorme ayuda.  

En resumen, los resultados hacen evidente que desde hace 6 , 8 o 10 años atrás, se viene gestando un descontento generalizado, que llama la atención, en la medida en que ese sentir se traslada de forma lineal a sus líderes (a la gran mayoría), a las instituciones y a los temas que han liderado la agenda política del país.

Hacia la mitad del documento me fue evidente que estamos frente a una crisis de credibilidad generalizada, que repito, tiene largo tiempo de gestación y que nos tiene frenados, no creemos en nada ni en nadie. Si bien hay diferentes niveles entre un resultado y otro, parece poco lo que tiene una percepción realmente positiva, al menos en ese estudio. Tampoco se identifican claramente tendencias sobre las cuales poder apalancar un cambio en la percepción generalizada.

Claramente está inmerso el resultado de planes de gobierno, a todo nivel, que se han visto truncados por la atención requerida por la misma pandemia y que en parte se evalúa un marco muy deteriorado frente a la prepandemia. Pero lo que inquieta, es que estamos hablando de periodos de tiempo largo, una década incluso, todo no puede ser bueno, pero tampoco todo puede ser malo, y en medio de todo, estamos ante la demandante tarea de sacar al país adelante, de generar valor económico y de generar bienestar social. 

Debemos contribuir a romper esta dinámica y tenemos cómo, pues es de destacar, que en dicho estudio el sector empresarial tiene un indicador de aprobación elevado y viene con buena tendencia en los últimos meses. El empresariado en su ejercicio habitual, hace uso permanente de una capacidad de influencia que es amplia y profunda.

Tenemos que participar activamente, en eventos como el Congreso por ejemplo, y contribuir alrededor de ejes centrales para el desarrollo económico; enfocarnos en esos donde aún generando debate, no hay duda en que son positivos y, en todo caso, ser conscientes del poder negativo que tiene el aportar desde la crítica generalizada, desmedida e inexacta.

Seamos participes de la construcción de país desde las virtudes y capacidades, desde lo bueno y enfoquemos nuestros esfuerzos y conversaciones alrededor de ellas, actuemos como agentes de cambio y generadores de confianza, seamos vendedores del futuro alentador que tiene nuestro país por delante.

Enfoquémonos en apoyar y contribuir en los positivo- sumemos,  y evitemos que nuestras acciones, incluso nuestros discursos, terminen restando a nivel colectivo. Iniciativas individuales, grandes y pequeñas, suman; generar confianza, credibilidad y amor propio por lo nuestro, con alta seguridad, multiplica.

Por último, quiero resaltar que el Congreso Internacional de Crédito, Cobranza y BPO, reúne a un público que tiene alta injerencia en facilitar la reactivación de la dinámica del crédito. Hemos visto como de a poco, retornan los indicadores de crecimiento de este importante rubro muy apalancados en líneas puntuales como la cartera hipotecaria.

Es fundamental que esto se acompañe de los demás productos de consumo, pues éstos tienen un impacto alto en los resultados agregados del país; la correcta administración de crédito, es un pilar de crecimiento en la coyuntura actual, si se asegura que, a partir del conocimiento profundo del cliente, del monitoreo constante de su situación financiera, de una gestión más sofisticada y de la oferta al cliente de alternativas efectivas para mantenerse al día, mantengamos la cartera originada en los niveles de riesgo esperados.

¿A qué estamos llamados los participantes de esta industria entonces? Tendremos que acelerar nuestros planes estratégicos, especialmente en la implementación de herramientas y metodologías que nos lleven a ser más productivos y más eficaces. Cada día la tecnología está más a la mano; la clave es asegurar que creamos el talento requerido, para hacer de su uso una ventaja competitiva.

Pero, como elemento adicional, hoy se nos demanda una real capacidad de conocer al cliente a través de la gestión que realizamos y estar en capacidad de desestandarizar nuestra oferta de soluciones, es sin duda un giro no menor, pues se esperan grandes avances desde la administración de lo ya originado y no sólo desde la óptica de nuevas originaciones. Estamos entonces ante la necesidad de asegurar un talento humano más competitivo, de asegurar estructuras de datos que permitan hilar más fino, de mayor inteligencia para que los aportes de la tecnología vengan cargados de nuevos hallazgos, que permitan generar un valor agregado relevante a nuestros clientes.

Alejandro Verswyvel – Presidente Colcob 2021.